Recopilación de textos narrativos y poesías personales, disfrutad su lectura igual que disfruto yo llevando mis dedos desde su inicio hasta su punto y final.

martes, 26 de abril de 2016

De susurros

Como las discretas gotas de agua que se cuelan entre las rocas
y sin llamar la atención van haciendo mella, desmoronan el muro,
se coló un susurro entre los gritos, sin decir nada, sin abrir la boca,
castillos de viento que cayeron desde el cielo a golpe de murmullo.
 
Como el viento húmedo y frío que aparece de madrugada
desgastando hasta la espada más heroica, el la oxida sin esfuerzo,
se coló un susurro por las rendijas de mi armadura abollada,
atravesó mi coraza y dejó mella hasta mis propios huesos.
 
Como escarcha blanca abrazada a mis ventanas
que entumece mi cuerpo y no me deja ver nada,
se coló un susurro hasta el fondo de mi alma,
y heló el jardín donde sembrábamos esperanza.
 
Como un susurro, mi cuerpo reducido a un suspiro,
jirones de yo que ondean en todas direcciones,
como traspiés del hombre que camina perdido
buscándose a sí mismo por todos los cajones.
 

lunes, 25 de abril de 2016

De vivir sin miedo

Recostado en tu regazo descubrí lo que es vivir sin miedo,
vivir como si me hubieras aislado del espacio y el tiempo,
solo para descubrir que no hay otro lugar ni otro momento
en el que quiera estar que allí, entonces, sobre tu pecho.
 
Te convertiste en mi oasis, en la isla en la que el naufrago
no puede desear otra cosa sino vivir sin ser encontrado,
tumbarme en tu arena blanca sembrada de fósforos
que me hacen arder cuando la acaricio con mis dedos.
 
Eres el velo pintado de azul que embellece el mundo,
solo porque estás ahí, solo porque me sonríes
con esa sonrisa que ilumina hasta el rincón más profundo.

sábado, 23 de abril de 2016

Sin noticias desde el cielo


     Espero que sepas disculpar la demora desde la última vez que lo intenté, ya casi había olvidado lo que se siente al escribir a ninguna parte, al escribir donde nadie recibirá este mensaje urgente, y es que, después de tanto esperar una respuesta que no llegaba, terminé por mirar sin esperanzas al cielo y limitarme a mandarte señales de humo desde la fragua casi extinguida de mis pulmones.
Recuerdo cómo en cada sobre bien doblado fui arrojando un pedazo de esperanza, fui dejando migas de ilusión, de una luz que llegaba hasta mi umbral, y allí esperaba yo... Desde allí alzaba la vista, miraba a mi alrededor y hasta perdí la cuenta de las veces que volvía a mirar el teléfono aguardando una respuesta, pero no había mas respuesta que el silencio, no había mas pródigo que una ausencia que se presentaba sin avisar y con las maletas llenas de nostalgia. Recuerdo el viento arrastrando migas hasta el borde mi ventana, cartas devueltas y una luz menguada por el tiempo, como la vela en el candil que va exhalando hasta la última gota de cera abrazada a su delgada mecha.

He vuelto a escribir, una última carta sin destino, una última llamada a lo desconocido, y amiga mía, aunque sea en vano, necesito decirte al menos una vez más que no te olvido. He aprendido a perdonarte por coger aquel embarque sin avisar, aprendí a perdonarme por haberte odiado casi tanto como te añoraba. Si estás ahí, o tan solo en el recuerdo que nos resta, ojalá que mis palabras te alcancen, que no importe la distancia, ojalá que esta carta sin papel llegue allí donde las más radiantes luces brillan, allí donde seguro habitas.
 

Recuerdo la historia de un pequeño lagartijo asustado, cuentos de hadas y duendes que hoy perduran
como la sombra de aquellas nanas que en noches frías mi madre nos contaba, los recuerdo como las grandes hazañas de los héroes: Con palabras difusas pero con un mensaje claro que atraviesa el tiempo dejando huella en los afortunados oídos que las escucharon. Recuerdo fábulas extraordinarias, o al menos así las recuerdo yo, aquellas historias que hoy forman parte de la impronta escondida en este escritor aficionado, en este extravagante personaje que aún juega entre caballeros y duendes, y sigue asustándose por las alturas... Tal vez algún día aquel lagartijo se convierta en un dragón que sobrevuele las montañas.

Te escribo con los deberes a medias y una sonrisa completa, a medias porque aún quedan promesas por cumplir y sueños por alcanzar, completa porque en mi camino, aunque accidentado, he tratado de no perderme demasiado, porque he encontrado el amor y ella es la estrella que ilumina mis pasos y el susurro que me llena de aliento, ella ha descubierto quien soy y no permite que abandone la senda que parte de mi alma... Te escribo para darte las gracias una vez mas, porque soy quien soy, orgulloso de serlo, y se que en parte es gracias a ti. Me quedan tantas cosas por decir, y aún más por hacer, pero se que es vano creer que encontrarás estas líneas en algún buzón al otro lado del mundo, por eso, si te escondes al otro lado de todo, espero que puedas observar desde una rendija, amiga mía.

Sin noticias desde el cielo, sin poder decirte lo que pienso... Te hiciste nada después de haber sido tanto, ojalá y me equivoque en todo lo que creo, ojalá y no fuera otro pequeño escritor ateo...

De resistir

Corrieron, tus sueños y los míos campo a través,
como dos partisanos en las cumbres lombardas,
que luchan manteniendo la cabeza bien alta
y la justicia más humana guiando sus pies.
 
Se hicieron al monte, no para huir, sino para defenderse,
defenderse de la metralla que descargan las ideas ciegas,
de las personas de piel y hueso, pero con sueños de piedra.
Buscaron nuestros sueños un lugar lejos de su corriente.
 
Y nuestra banda sonora la compusieron silbidos de balas,
miradas que trinaban como una tormenta concentrada
en un millar de pupilas dilatadas.
 
Fueron, tus sueños y los míos miembros ocultos de la resistencia,
avanzando escondidos en la sombra de banderas siniestras,
 creciendo sin armar demasiado jaleo y recorriendo callejuelas
donde aprendieron que la discreción es la primera ley de supervivencia.
 
Tallaron en la tosca roca
levantando leves lascas
con la paciencia de una gota
que sin prisa ahonda
y hace verdes valles a su paso.

viernes, 22 de abril de 2016

De aquella puesta de sol

¿Alguna vez has visto una puesta de sol?
¿Has visto la forma en que las últimas luces del día invaden las nubes? Esa manera en que son atravesadas sin dolor alguno y sin embargo se sienten marcadas por aquellos rayos que las visten de tonos naranja y violeta...
¿Has visto de qué modo los jirones de nube parecen arder en mitad del cielo? Esa forma en que el sol parece incendiar su interior sin que llegue a quemarse, sin que se desprenda otro olor que el de azúcar tostado sobre la superficie...
Así, así es el amor que siento, como si siempre fuera aquella puesta de sol que te hizo estremecerte de tal manera que no podrías explicar a nadie..

martes, 19 de abril de 2016

De raíles y andenes.

Llevo atrapados en mi diario kilómetros de vías y decenas de andenes,
llevo la sombra fugaz de los árboles, como estrellas en un paisaje
que se pierde deprisa tras la estela blanca de aquel corcel de acero.
 
Pueblan mi recuerdo bastas horas apoyadas sobre raíles infinitos
que, al fin y al cabo, hablan de quien soy y hablan de donde vengo.
 
Se dibujan en aquellas ventanas el mismo cuadro que en mi mente:
Un pasado difuso y borroso que al descuidarnos devora el efímero presente,
¿Y el futuro? ¿Qué hay de ese futuro que se aproxima acelerado?
 
Un futuro que queremos alcanzar, y conocemos el final del trayecto
pero a pesar del millar de traviesas desconocemos el camino marcado.
 
llevo en mi bolsillo guardado un billete de ida y vuelta en cada viaje
preguntándome si usaré los dos o si mi camino acabará antes de que baje,
 
pero ese es nuestro espíritu emprendedor y optimista, es decir,
compramos los billetes creyendo que iremos, haremos y volveremos,
sin dudar entonces que regresaremos igual que fuimos a partir.
 
Llevo arrastrando un susurro desde la última estación que atravesé,
preguntándome si puede ser este el ultimo tren que tomaré,
 
pero por más que mire no puedo responder, no se si quiero,
mas se que en algún momento me haré uno con aquel pasado difuso
y toda estela de mí no será sino eso, un borroso recuerdo.


lunes, 18 de abril de 2016

De pillaje y piratería

Recuerdo el olor intenso a pólvora mojada,
quemada en la superficie de tu cuerpo
y bañada por sudor en nuestra almohada,
recuerdo las manecillas surcaban el tiempo
mientras mis dedos surcaban tu cara.
 
Rememoro, cuando nos alcanza la mañana
cómo los cañones rugían y estrepitosamente
hacían saltar por los aires las azotadas sábanas
que se hacían jirones ondeando hacia poniente
en un mar de muchas caricias y pocas palabras.
 
Respiro, aún exhausto por el abordaje de tu dedos,
y hago cuentas de las consecuencias del pícaro pillaje,
que me dejó vencido en lecho y con la mirada en el cielo,
preguntándome si de allí proviene tu imagen
o si fue sólo una placentera alucinación en mi cerebro.
 
Pero no cabe en mente imaginar tal aventura,
componer solo en ideas la travesía de mis labios
por las playas de arena clara alrededor de tu cintura,
no alcanzaría siquiera a imaginarlo
sin perder en el camino lo que me resta de cordura.
 
Pues son amor, tus caricias y las mías pertrechos de guerra,
de una guerra sin cuartel y repleta de escaramuzas,
son tus besos las bolas de cañón que disparas con fuerza
derribando mis tapujos, la mesura, y la blusa,
que son doblones de oro lo que adornan tus caderas
y yo el corsario inglés que te persiga hasta la última costa..
 
...Hasta la última bahía en que encallen tus cabellos y mis manos