Recopilación de textos narrativos y poesías personales, disfrutad su lectura igual que disfruto yo llevando mis dedos desde su inicio hasta su punto y final.

sábado, 30 de abril de 2016

De una frase

En un pálido paraje de mi alma
se esconde un recuerdo perlado,
es un leve susurro que me calma,
es una frase que nunca he olvidado
pero que nunca repito, para no desgastarla.
 
Escondida entre hojas descoloridas,
lejos del sol, lejos de miradas extranjeras
que pudieran a ella causarle heridas,
como al hijo pródigo ella siempre espera
a que mi alma rota vuelva a ella de rodillas.
 
En un lugar tan profundo, pero jamás siniestro
se esconde una frase que una vez alguien me dijo,
llegó mecida por el aire, más no se fue con ningún viento,
se hizo oración de mis desgracias y mis desquicios
como lluvia de abril que apacigua al árbol sediento.
 
Escondida de ti, escondida de mí permanece,
para no caer jamás en el hábito viciado
de todo lo bueno que al malgastarlo se pierde
por el error humano de no valorarlo,
así pues ella se esconde, así pues crece...
 
En un lugar recóndito de mi alma se esconde esta frase....
....
 

viernes, 29 de abril de 2016

De murmullos a media voz

Quería perderme en un murmullo limpio y claro,
Como el susurro de un arroyo que desciende seguro,
sin mas revuelo, sin que lo arrasa todo a su paso.
 
Quería escuchar una voz serena en mitad de la tormenta,
una conversación hermosa y un tema profundo,
sin gritos que buscaran simplemente la atención de cualquiera.
 
Quería huir, escapar de magnificencias y delirios de grandeza,
me bastaba sentarme en los escalones o apoyado en cualquier muro,
una conversación de café a café, de cerveza a cerveza.
 
Porque nada me llega más hondo que una buena conversación en corto,
reflexiones al amparo de un portal cuando la lluvia aprieta
y las maquinaciones mundiales alrededor de una candela,
A esas voces atiendo yo, las que brillan sin armar ningún alboroto.
 
Quería perderme en los murmullos más livianos
y así acabé escribiendo versos,
conversaciones silenciosas entre tus ojos y mis manos.
 

jueves, 28 de abril de 2016

De caladas y paradas - Parte 1

-El último cigarrillo, lo prometo -Pensó- Solo un puñado de caladas y toda este vicio habrá acabado.

Pero en el fondo sabía que no era cierto, aquel veneno era su adicción, sabía que le estaba matando por dentro y aún así se sorprendía continuamente buscando en su bolso una cajetilla de Chesterfield que la sumiera de nuevo en su nube gris. Le gustaba pegar algún "post it" en los paquetes para ocultar aquellas macabras escenas de tumores y miembros amputados que el Ministerio de Salud se empeñaba en colocar... ¿No sería más sencillo ilegalizar el tabaco? ¿Qué comisión se llevaría el gobierno para mantener en el comercio algo tan dañino?.  Fuera como fuese, aquello escapaba a sus problemas tangibles, una tos ronca quebraba sus pensamientos y la traía de nuevo a su realidad: Era una mujer adicta; universitaria, sensible, ecologista, y adicta...

Era como si todo lo que cayera en sus manos corriese el peligro de convertirse en otro preso más de su adicción: El chocolate con almendras, el café con poca azúcar, el hombre que conoció en aquella cafetería, mirar de reojo por la ventana cuando se cambiaba de ropa, robar un par de sobres de azúcar en el bar de vez en cuando... Y aquellos malditos bastoncillos de nicotina. No podía evitarlo, no podía controlarlo, ¿Saben de ese tic en el párpado que una vez que aparece no puedes frenar? Pues ella escondía tantos que a menudo no podía evitar que se solaparan, la anulaban como persona, la dirigían como una pequeña muñeca de trapo mecida por unas manos traviesas y desvergonzadas. La vida comenzaba a parecer una extensa pesadilla, se sentía perversa, sucia, enferma por algún mal que no podía explicar a su médico de cabecera, había logrado estar un mes sin fumar, pero al final había recaído inexorablemente. Con una taza de café en la mano y mordiendo la cajetilla de tabaco con sus dientes se acercó al borde del balcón y se sentó en las aún templadas baldosas, sacó un cigarrillo y, antes de manchar la boquilla con pintalabios burdeos pensó... -El último cigarrillo, lo prometo....

Resbaló su pulgar sobre la rueda del mechero y al apartar su rostro de la trayectoria del humo sus ojos repararon en una de las ventanas del bloque de en frente, allí estaba él, el vecino que asomaba de vez en cuando para tender sus camisas al sol, pero ahora no llevaba camisa, nada excepto unos vaqueros desgastados y una botella de cerveza entre sus dedos.

-Siempre hay un roto para un descosido -Murmuró

Él no había reparado aún en su presencia, parecía musitar y a ratos tomaba un puñado de hojas y apuntaba algo, ¿Qué estaría apuntando? El cigarro se fue consumiendo sin que ella volviera a atenderlo, parecía más interesada en lo que ocurría al otro lado del abismo, ¿Qué hacía? ¿A qué se dedicaba?

-¡Maldición!, ya me está atrapando y ni siquiera se quien es...

El grito que se escapó de sus labios burdeos logró atravesar aquella distancia y llamar la atención del muchacho, quien se limitó a sonreír y a saludar con la mano.

-Vaya, todo un caballero -Pensaba mientras se recogía el flequillo por detrás de la oreja- ¿Debería responderle?.

La conversación gesticulada se extendió entre varios saludos amables, algunos intentos por averiguar sus nombres y risas ensordecidas por el ruido de los coches. Entonces ella trató de preguntar por lo que escribía en aquellas hojas de papel, pero no habría forma de explicárselo desde tan lejos, así que el muchacho le indicó que podría verlo abajo, en la acera. Ella no dudó en saltar de un salto hacia el salón, tomó los zapatos y el sujetador a toda prisa, tomó las llaves y salió de casa dando un portazo, terminó de vestirse mientras bajaba por el ascensor. -Suerte que no haya coincidido con los vecinos- y justo antes de atravesar el umbral del portal frenó en seco, se colocó el pelo y salió aparentemente tranquila hacia la acera.

Al llegar al espacio entre los dos edificios se descubrió en soledad, no había nadie y, entonces, un silbido le hizo alzar la vista: ni rastro del muchacho, pero un puñado de hojas mal arrancadas cayeron recogidas por un puñado de clips.

-¡Imposible! ¿Cómo demonios..?

Ella.. ella en cada una de aquellas hojas, había retratos de su rostro, su silueta mientras fumaba un cigarro en el balcón, de nuevo ella en la parada del autobús de al lado mientras buscaba su cajetilla de tabaco en el bolso.. algunos versos adornaban aquellos bocetos y al final, una nota apresurada en la última hoja:
"Debe parecerte extraño, pero hace mucho tiempo que vivía sumido en una profunda depresión, incluso en una ocasión traté de saltar por la misma ventana en la que me has encontrado hoy, pero estabas allí en frente, mordisqueando una tableta de chocolate mientras trasteabas tu teléfono móvil y algo me frenó, desde entonces te convertiste en mi razón para levantarme cada día, salía a comprar el periódico por si te veía salir del portal, corría por las noches por si te encontraba saliendo de fiesta, y de repente un día dejé de verte en tu balcón, pensé que no volvería a encontrarte allí y toda mi vida se vino abajo... Y hoy estás aquí, sabes que existo, sabes donde vivo, tal vez sea una locura, pero si deseas mezclar tu vida con un loco como yo, me encontrarás en el 4º-C. Roberto".

Todo su cuerpo temblaba, sentía como las piernas se le aflojaban, descargas de Adrenalina hacían que su corazón golpeara su pecho con violencia, y la Serotonina.. ahhh.. sabía que era ella la culpable de los escalofríos que recorrían su espalda como si fuera un cachorro atrapado en una carnicería. Ahora estaba allí, de pie en aquella bifurcación, ¿Subiría a la casa de aquel hombre que no dejaba de acecharla? ¿Volvería a su casa?  Contemplaba los bocetos como si esperase que alguno de ellos le susurrara qué debía hacer..

martes, 26 de abril de 2016

De susurros

Como las discretas gotas de agua que se cuelan entre las rocas
y sin llamar la atención van haciendo mella, desmoronan el muro,
se coló un susurro entre los gritos, sin decir nada, sin abrir la boca,
castillos de viento que cayeron desde el cielo a golpe de murmullo.
 
Como el viento húmedo y frío que aparece de madrugada
desgastando hasta la espada más heroica, el la oxida sin esfuerzo,
se coló un susurro por las rendijas de mi armadura abollada,
atravesó mi coraza y dejó mella hasta mis propios huesos.
 
Como escarcha blanca abrazada a mis ventanas
que entumece mi cuerpo y no me deja ver nada,
se coló un susurro hasta el fondo de mi alma,
y heló el jardín donde sembrábamos esperanza.
 
Como un susurro, mi cuerpo reducido a un suspiro,
jirones de yo que ondean en todas direcciones,
como traspiés del hombre que camina perdido
buscándose a sí mismo por todos los cajones.
 

lunes, 25 de abril de 2016

De vivir sin miedo

Recostado en tu regazo descubrí lo que es vivir sin miedo,
vivir como si me hubieras aislado del espacio y el tiempo,
solo para descubrir que no hay otro lugar ni otro momento
en el que quiera estar que allí, entonces, sobre tu pecho.
 
Te convertiste en mi oasis, en la isla en la que el naufrago
no puede desear otra cosa sino vivir sin ser encontrado,
tumbarme en tu arena blanca sembrada de fósforos
que me hacen arder cuando la acaricio con mis dedos.
 
Eres el velo pintado de azul que embellece el mundo,
solo porque estás ahí, solo porque me sonríes
con esa sonrisa que ilumina hasta el rincón más profundo.

sábado, 23 de abril de 2016

Sin noticias desde el cielo


     Espero que sepas disculpar la demora desde la última vez que lo intenté, ya casi había olvidado lo que se siente al escribir a ninguna parte, al escribir donde nadie recibirá este mensaje urgente, y es que, después de tanto esperar una respuesta que no llegaba, terminé por mirar sin esperanzas al cielo y limitarme a mandarte señales de humo desde la fragua casi extinguida de mis pulmones.
Recuerdo cómo en cada sobre bien doblado fui arrojando un pedazo de esperanza, fui dejando migas de ilusión, de una luz que llegaba hasta mi umbral, y allí esperaba yo... Desde allí alzaba la vista, miraba a mi alrededor y hasta perdí la cuenta de las veces que volvía a mirar el teléfono aguardando una respuesta, pero no había mas respuesta que el silencio, no había mas pródigo que una ausencia que se presentaba sin avisar y con las maletas llenas de nostalgia. Recuerdo el viento arrastrando migas hasta el borde mi ventana, cartas devueltas y una luz menguada por el tiempo, como la vela en el candil que va exhalando hasta la última gota de cera abrazada a su delgada mecha.

He vuelto a escribir, una última carta sin destino, una última llamada a lo desconocido, y amiga mía, aunque sea en vano, necesito decirte al menos una vez más que no te olvido. He aprendido a perdonarte por coger aquel embarque sin avisar, aprendí a perdonarme por haberte odiado casi tanto como te añoraba. Si estás ahí, o tan solo en el recuerdo que nos resta, ojalá que mis palabras te alcancen, que no importe la distancia, ojalá que esta carta sin papel llegue allí donde las más radiantes luces brillan, allí donde seguro habitas.
 

Recuerdo la historia de un pequeño lagartijo asustado, cuentos de hadas y duendes que hoy perduran
como la sombra de aquellas nanas que en noches frías mi madre nos contaba, los recuerdo como las grandes hazañas de los héroes: Con palabras difusas pero con un mensaje claro que atraviesa el tiempo dejando huella en los afortunados oídos que las escucharon. Recuerdo fábulas extraordinarias, o al menos así las recuerdo yo, aquellas historias que hoy forman parte de la impronta escondida en este escritor aficionado, en este extravagante personaje que aún juega entre caballeros y duendes, y sigue asustándose por las alturas... Tal vez algún día aquel lagartijo se convierta en un dragón que sobrevuele las montañas.

Te escribo con los deberes a medias y una sonrisa completa, a medias porque aún quedan promesas por cumplir y sueños por alcanzar, completa porque en mi camino, aunque accidentado, he tratado de no perderme demasiado, porque he encontrado el amor y ella es la estrella que ilumina mis pasos y el susurro que me llena de aliento, ella ha descubierto quien soy y no permite que abandone la senda que parte de mi alma... Te escribo para darte las gracias una vez mas, porque soy quien soy, orgulloso de serlo, y se que en parte es gracias a ti. Me quedan tantas cosas por decir, y aún más por hacer, pero se que es vano creer que encontrarás estas líneas en algún buzón al otro lado del mundo, por eso, si te escondes al otro lado de todo, espero que puedas observar desde una rendija, amiga mía.

Sin noticias desde el cielo, sin poder decirte lo que pienso... Te hiciste nada después de haber sido tanto, ojalá y me equivoque en todo lo que creo, ojalá y no fuera otro pequeño escritor ateo...

De resistir

Corrieron, tus sueños y los míos campo a través,
como dos partisanos en las cumbres lombardas,
que luchan manteniendo la cabeza bien alta
y la justicia más humana guiando sus pies.
 
Se hicieron al monte, no para huir, sino para defenderse,
defenderse de la metralla que descargan las ideas ciegas,
de las personas de piel y hueso, pero con sueños de piedra.
Buscaron nuestros sueños un lugar lejos de su corriente.
 
Y nuestra banda sonora la compusieron silbidos de balas,
miradas que trinaban como una tormenta concentrada
en un millar de pupilas dilatadas.
 
Fueron, tus sueños y los míos miembros ocultos de la resistencia,
avanzando escondidos en la sombra de banderas siniestras,
 creciendo sin armar demasiado jaleo y recorriendo callejuelas
donde aprendieron que la discreción es la primera ley de supervivencia.
 
Tallaron en la tosca roca
levantando leves lascas
con la paciencia de una gota
que sin prisa ahonda
y hace verdes valles a su paso.